Una de las preguntas que suelen hacernos en todas las entrevistas es qué criterio utilizamos para seleccionar lo que publicamos en trastienda.org. Siempre contestamos que no tenemos unas barreras estilísticas claras. Procuramos no centrarnos exclusivamente en la música electrónica, como hacen la mayoría de net-labels, y sobre todo publicamos aquello que realmente nos gusta, aquello que realmente, como consumidores de música, nos molestaríamos en descargar y escuchar disfrutar. Pero hay otro baremo que siempre se cuela más o menos inconscientemente. Desde el principio quisimos evitar que trastienda.org se convirtiera en el típico cajón de sastre en el que cabe cualquier cosa, sin importar la calidad, y apostamos por grupos y trabajos que, no sólo podrían, sino que deberían haber encontrado otro medio de difusión; no sé si llamarlo más digno o más tradicional. Sin dejar a un lado ese toque de experimentación, ese vale (casi) todo que una net-label se debe y puede permitir, siempre hemos tratado de publicar referencias de calidad, sin importarnos si tenemos que estar meses sin publicar porque no nos llega o encontramos nada que realmente valga la pena.
Hasta ahora había numerosas referencias en nuestro catálogo que avalaban esta afirmación. Date una vuelta y descarga el “Peepshow” de Holgado, el “Inside” de Folder, el “Emulsiò” de Muzak… por citar unos cuantos a bote pronto. Pero creo que después de la publicación de “La estulticia del cognicidio” (Waiting Room) ya nadie puede tener dudas de ello. ¿Dónde están ahora los señores encorbatados de Sony? ¿Dónde están los gafapastas de Astro? Amigos, todavía podemos creer en las net-labels. ¡Larga vida al Rock!